INSPIRACIÓN Y REALIDAD. EL PROYECTO

INSPIRACIÓN Y REALIDAD. EL PROYECTO
La historia viene de muy atrás, como las grandes historias de cada uno. Nos creemos que las historias se forjan en un momento y sin embargo son el fruto de mil momentos de inspiración, conscientes e inconscientes, que duran un segundo pero se instalan para siempre.

La sensación de sostener la vida con mis manos y sonreir mientras me pregunto qué puedo hacer con ella delata mi gran pasión por los proyectos vitales, principalmente aquéllos que contribuyen a algo que tenga que ver con las personas.

Ese revoloteo desordenado sin canalizar ha hecho que a lo largo de los años hayan ido cobrando vida los sueños y hayan irrumpido en mi presente como si siempre hubieran vivido aquí, conmigo.

Mi deseo era montar un hotel con encanto. ¿Acaso no hay lugares en los que el silencio, el olor a piedra, el eco, el agua, el frío o el sol despiertan en uno un algo que está...pero muy adentro? Me pasa en la Alhambra o en un monasterio, también en el mar. Yo quería crear uno de esos espacios en los que las personas vienen a asomarse.

En unas fantásticas vacaciones a Marruecos, decidimos casualmente pasar noche en Tetuán, casualmente también salió a mi paso una casa típica tetuaní que me pareció una maravilla absoluta. Estaba en venta. Preciosa, blanca, con su patio, su jardín, su azotea, su zaguán. Acudió a mi paso y lo desordenó todo cuando ya no la buscaba.

Al cabo de un mes volví, la vi, la paseé, me senté en cada escalón. Para mi tranquilidad me repetí una y otra vez: "¿quizás como inversión sin pensar más allá?". 6 meses más tarde y tras una larga negociación firmaba la escritura y 2 meses después dejaba mi trabajo. ¡Manos a la obra!

miércoles, 3 de febrero de 2010

AHMED MGARA...UN GRAN POETA EN MI RIAD






Hola a todos! Hace muchos días que no os cuento...tengo tantas cosas que contar...el tiempo aquí pasa de otra manera. Salgo poco del riad, hay cosas que hacer por aquí, pero afortunadamente tengo la oportunidad de recibir en Blanco Riad a personas especiales, Todas. Todos con muchas experiencias que contar, muy variopintos y muy especiales. El otro día tuve el placer de abrir la puerta a Ahmed Mgara, uno de los máximos exponentes del Hispanismo marroquí. Agradable, inteligente, gran orador y mejor persona. Me estuve deleitando con todas las cosas que me contaba y además de hacer una aportación a nuestra biblioteca ha dedicado a Blanco Riad unas palabras que son pura poesía....disfrutad de ellas....y MUCHAS GRACIAS AHMED!!!:
Alborada en Tetuán.
A Maribel Jiménez
Tetuan, cierta alborada de dos mil y pico
Por: Ahmed Mgara
La mañana andalusí de Tetuán se acababa de despertar de la resaca de la noche anterior, la manta gris de su lecho estaba revuelta y dispersa sobre su vencido y desvanecido cuerpo. Tetuán se resistía a reincorporarse al despertar mientras la túnica enlutada de su noche emprendía camino hacia las cumbres lejanas de las montañas maldiciendo su azar.
Las calles estaban aún rociadas con olor a jazmín, y la timidez del perfume primaveral que envolvía las ramas de los árboles revoloteaba en sincronizada armonía con los plácidos cantos de los andalusíes jilgueros.
Mi soledad, perdida entre los sueños desamparados de la edad y las oquedades que da la añoranza, sobrevolaba los resbaladizos adoquines de mi secular Tetuán. Mis pensamientos se enrejaban en los saltos de época a otra, perdiéndose entre el enjambre de las desperdigadas hojas del calendario.
Llegando al Feddán perdí los pocos estribos que aún poseían mis alforjas, se me clavaron los colores que antes relucían con sus surcos en el iris inundándolo de policromas y cristalinas lágrimas. La alfombra, de barro multicolor, llenaba mi alma de luz y de versátiles formas edénicas.
Los azulejos que aún conservaban su magia se contaban las historias de su mocedad más lejana, contaban de amores olvidados o desgastados por las edades, hablaban de sueños de generaciones que se hicieron olvidar en el paraninfo de las décadas. Recordaban promesas de amor eterno hechas por amantes enardecidos por los deseos, de besos robados bajo los naranjos y de caricias que nadie conseguía ver, de tanta lucidez pasional.
Nardos y naranjos se suben a una carroza llena de romero y emprenden el camino hacia otros jardines de los alrededores. En la magia del Feddán tienen su aposento, de ello doy fe porque fui testigo.
Del Café Madrid se vislumbraba la puerta, tímidamente entreabierta, y de la que se escapaba un filón de luz que se dejaba caer sobre la mugrienta acera. De allí procedía el eco de la magistral voz de Juanito Valderrama mientras sonaba su « El emigrante ».
Las palmeras y los naranjos empezaron a arrodillarse ante la majestuosidad del día que se avecinaba acerándose con el plácido manto que dibujaba el vuelo de las golondrinas. Palmeras y naranjos saben del juramento de amor eterno que le hice al Feddán en el púlpito de su magia.
« Tú eres el Feddán, y barro quisiera ser para las palmas de tus manos », le dije en tenue voz a la plaza donde anidé la inocencia de mi infancia.
Me metí en el serpentín de la calle Zauya para recordar los pasos de mi niñez. Los nombres de los vecinos se borraron y otros dueños aparecieron. Surgió, como un nardo, la blancura del Blanco Riad, antigua residencia de notables gentes de mi tierra, coronando las enceradas huellas de cal blanquecina.
Los almuecines de los santuarios de la plaza invitaban al rezo del alba. Se calló el canto angelical de los pájaros y Tetuán empezaban a resurgir, sobre sus cenizas, un día más.

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